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Marcelo Néstor Musa (2023). Juan Bautista Alberdi. Recuperado de Enciclopedia Iberoamericana (https://enciclopediaiberoamericana.com/juan-bautista-alberdi/). Última edición: mayo 2024. Consultado el 21 de julio de 2024.
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Retrato de Juan Bautista Alberdi realizado en 1938 por la pintora argentina Susana Neder. Forma parte de la Colección del Congreso de la Nación.

Juan Bautista Alberdi

Abogado, político, diplomático y escritor argentino.

Tabla de contenidos:

Datos

Nacimiento San Miguel de Tucumán, Provincias Unidas del Río de la Plata, 29 de agosto de 1810.
Fallecimiento Neuilly-sur-Seine, Francia, 19 de junio de 1884.
Ocupación Intelectual, político y diplomático argentino, considerado el autor intelectual de la Constitución de 1853.
Causa de la muerte Isquemia cerebral.

¿Quién fue Juan Bautista Alberdi?

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Juan Bautista Alberdi fue un abogado, político, diplomático y escritor argentino, que vivió en el siglo XIX. Es considerado como uno de los máximos representantes del liberalismo hispanoamericano​ y como el padre intelectual de la Constitución de 1853.

Fue miembro de la Generación de 1837, y como tal se opuso al gobierno de Juan Manuel de Rosas, por lo que debió exiliarse y vivir en el extranjero entre 1838 y 1853.

Entre 1854 y 1861 representó a la Confederación Argentina ante los gobiernos de Francia, Gran Bretaña, España y el Vaticano.

La victoria de Bartolomé Mitre sobre la Confederación lo obligó a prolongar su exilio en Europa, desde donde criticó la participación argentina en la guerra de la Triple Alianza, que llamó “de la Triple Infamia”.

De regreso al país, fue diputado de la Nación por la provincia de Tucumán hasta que en 1880 renunció a su banca y regresó a Francia, donde murió en un asilo de ancianos.

En su honor, todos los 29 de agosto, fecha de su nacimiento, se conmemora en la Argentina el Día del Abogado.

Infancia, juventud y formación intelectual

Juan Bautista Alberdi nació en San Miguel de Tucumán, el 29 de agosto de 1810.

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Su padre, Salvador Cayetano de Alberdi Egaña, era un comerciante vasco que regenteaba una pulpería. Su madre, Josefa Rosa de Aráoz y Balderrama, era una criolla que falleció durante el parto que lo vio nacer.

Aprendió a leer y a escribir en la escuela pública que Manuel Belgrano fundó en Tucumán con sus ingresos personales.

Luego de la muerte de su padre, en 1822, su hermano Felipe decidió que se radicará en Buenos Aires, donde ingresó en el Colegio de Ciencias Morales, que abandonó sin terminar sus estudios. Se empleó entonces en una tienda y en los ratos libres leía libros de pensadores europeos y componía música. En 1831 ingresó en la carrera de Leyes de la Universidad de Buenos Aires.

En 1834 continuó sus estudios en la Universidad de Córdoba, en la que obtuvo el título de bachiller en leyes. Le faltaban cursar dos años más para poder ejercer la profesión de abogado, pero decidió regresar a su Tucumán natal. Allí colaboró con el gobernador Alejandro Heredia, a quien dedicó un folleto titulado Memoria descriptiva de Tucumán.

Participación en la Generación del 37

En 1835 regresó a Buenos Aires, donde alquiló una habitación en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson y se unió al Salón Literario, fundado por Marcos Sastre y frecuentado por Juan María Gutiérrez, José Mármol y Esteban Echeverría. Así se vinculó a la Generación del 37, que difundió las ideas del romanticismo y propició una organización del país que superara el enfrentamiento entre unitarios y federales.

En 1837, publicó Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho, en el que hizo un diagnóstico de la situación nacional y ofreció posibles soluciones.

Ese mismo año editó el periódico La moda, en el que divulgó la evolución de la vestimenta, la cultura, las artes y las costumbres europeas.

En 1838 formó parte de una logia secreta, “La Joven Generación Argentina”, cuyos estatutos redactó.

Exilio político

Para evitar la persecución rosista se exilió en Montevideo, dejando en Buenos Aires a una amante (una de las hijas de Domingo Matheu) y a un hijo recién nacido, al cual nunca reconoció.

En Montevideo trabajó como abogado y periodista y apoyó el bloqueo francés del Río de la Plata. También fue secretario del general Juan Lavalle, de quien se alejó poco después por diferencias políticas.

En este período escribió dos obras de teatro: La Revolución de Mayo y El gigante Amapolas, sátiras sobre el régimen rosista y el caudillismo.

En 1843, durante el sitio de Montevideo por tropas subvencionadas por Rosas, escapó de la ciudad disfrazado de marinero francés y se trasladó a Europa.

Residió varios meses en Francia, donde estudió El espíritu de las leyes, de Montesquieu y conoció al general José de San Martín. También viajó a Ginebra donde visitó la casa de Jean Jacques Rousseau, por el que sentía una profunda admiración.

En 1844 se instaló en Valparaíso, donde se puso en contacto con Domingo Faustino Sarmiento, cabeza de la emigración argentina en Chile.

Allí presentó su tesis doctoral, titulada Sobre la conveniencia y objetos de un Congreso General Americano, donde expuso la idea de una unión americana por medio de una integración aduanera. Así se doctoró y pudo ejercer la profesión de abogado.

También escribió numerosos artículos en los periódicos chilenos y debatió públicamente con Sarmiento, sentando su posición en las Cartas Quillotanas.

Luego de estudiar la Constitución de los Estados Unidos, en 1852 escribió Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, que sirvió como fuente de inspiración a los constituyentes argentinos reunidos en el Congreso de Santa Fe.

Ideas políticas

En las Bases Alberdi propuso una república con división de poderes que contemplara la coexistencia del sistema federal con un gobierno nacional con múltiples atribuciones, cuestión que juzgaba imprescindible para imponer la paz y el orden.

Si bien se declaraba a favor de la soberanía popular, creía necesario instituir un colegio electoral que mediaría la voluntad del pueblo y evitara la elección de dirigentes irresponsables. Esta precaución debía mantenerse durante una etapa transitoria a la que llamaba “república posible”. Con el paso del tiempo la sociedad maduraría y podría transformase en una “república verdadera”, con todos los derechos propios de una democracia liberal.

Las libertades civiles debían ser las más amplias posibles, ya que eran necesarias para asegurar la llegada al país de millones de inmigrantes y conseguir que los capitalistas europeos invirtieran en la economía nacional. Gracias a estos dos factores de cambio el país podría modernizarse y progresar materialmente.

Diplomacia en Europa

En 1854 el presidente Justo José de Urquiza lo nombró embajador en Europa, con la misión de obtener el reconocimiento internacional de la Confederación Argentina.

Antes de partir hacia el Viejo Mundo escribió Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina, en el que defendió las teorías liberales de Adam Smith.

En Europa, el éxito de sus gestiones diplomáticas le valió la ira de Mitre que, tras asumir la presidencia, lo despidió y se negó a pagarle dos años de salarios adeudados. La enemistad con el vencedor de la batalla de Pavón se agravó tras el inicio de la guerra contra el Paraguay, a la que Alberdi se opuso fervientemente, actitud por la que fue acusado de traidor a la patria.

En los años siguientes escribió su autobiografía, en la que juzgó que “no puede haber ciencia ni literatura sin completa libertad, es decir, sin la seguridad de no ser perseguido por tener opiniones contrarias al gobierno”.

Regreso al país

Volvió a la Argentina en 1878, tras ser elegido como diputado nacional por Tucumán gracias al apoyo del presidente Nicolás Avellaneda.

Durante los dos años que permaneció en el país se reconcilió con Sarmiento y recibió varios homenajes, entre ellos el de ser nombrado doctor honoris causa por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Pero también fue objeto de duras críticas de Mitre y sus partidarios, que se opusieron tanto a su nombramiento como embajador en Francia como a que el Estado financiera la publicación de sus obras.

Muerte de Alberdi

Amargado por enfrentamientos que consideraba estériles, decidió volver a Francia. Pero en el viaje de regreso sufrió un accidente cerebro vascular isquémico que le inmovilizó un brazo y una pierna.

En 1881 tuvo vómitos de sangre y su salud se resquebrajó, perdiendo paulatinamente la lucidez.

En 1883 dictó testamento en el que benefició a su ama de llaves en desmedro de su hijo Manuel y de sus sobrinas.

Poco después fue internado en un asilo de Neuilly-sur-Seine, donde murió el 19 de junio de 1884, a los 73 años.

Sus restos fueron sepultados en el cementerio local, donde permanecieron algunos meses, hasta ser trasladados a una necrópolis parisina.

En 1889 sus despojos mortales fueron repatriados por decreto del presidente Miguel Juárez Celman. Luego de rendirles honores en la Catedral de Buenos Aires, fueron depositados en el Cementerio de la Recoleta.

En 1991 fueron llevados a su provincia natal y ubicados en un nicho en la Casa de Gobierno de Tucumán.

Bibliografía:
  • Alberdi, Juan Bautista. “Vida privada”. En: Palcos, Alberto. Grandes escritores argentinos. Buenos Aires, Jackson Editores, 2008.
  • Canal Feijoó, Bernardo. Alberdi, la proyección sistemática del espíritu de Mayo. Buenos Aires, Losada, 1961.
  • Mayer, Jorge M. Las bases de Alberdi. Buenos Aires, Sudamericana, 1979.
  • Romero José Luis. Las ideas políticas en la Argentina. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1975.
  • Speroni, Miguel Ángel. Qué fue Alberdi. Buenos Aires, Plus Ultra, 1973.
  • Terán, Oscar. Alberdi póstumo. Buenos Aires, Puntosur, 1988.
  • Weinberg, Félix. El Salón literario de 1837. Buenos Aires, Hachette, 1977.

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Acerca del autor:

Profesor en Enseñanza Media y Superior en Historia (Universidad de Buenos Aires). Autor, editor y coordinador de contenidos editoriales.

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Marcelo Néstor Musa (2023). Juan Bautista Alberdi. Recuperado de Enciclopedia Iberoamericana (https://enciclopediaiberoamericana.com/juan-bautista-alberdi/). Última edición: mayo 2024. Consultado el 21 de julio de 2024.
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